Érase una vez un país en el que los jóvenes no tenían oportunidades.
Era el año 1986 y, en Cataluña, muchos jóvenes buscaban trabajo, pero el trabajo tenía la mala costumbre de esconderse. Enviaban currículums, llamaban a puertas… pero las encontraban todas cerradas y, si alguna se abría, ¡la respuesta siempre era no!
Un grupo de jóvenes que vivían de cerca aquella situación encontró la solución en un lugar inesperado: ¡una boda! Entre invitados, risas y alguna corbata ya torcida, llegaron a la siguiente conclusión: ¡Si el trabajo que buscamos no existe, tendremos que crearlo nosotros!
Así inventaron una nueva palabra: Autoocupació, con la que comenzó la aventura del CP’AC. En un pequeño espacio cedido por la Escola Pia, dedicaron muchas horas de voluntariado a buscar fórmulas para que los jóvenes pudieran crear su propio puesto de trabajo bajo el lema: «Invierte en ti mismo».
Y los jóvenes empezaron a llegar. Había quien sabía arreglar un motor, pero no sabía poner en marcha una empresa; quien cocinaba de maravilla, pero se le quemaban los números. Quien tenía una idea buenísima no tenía dinero para ponerla en marcha. Pero todos necesitaban lo mismo: alguien que confiara en ellos.
Y así empezaron a acompañar a los jóvenes en la puesta en marcha de sus iniciativas de autoempleo.
Los años pasaron y la entidad creció, contratando a los primeros jóvenes y abriendo sedes por toda Cataluña, hasta que el CP’AC se convirtió en una fundación.
A medida que iban encontrando nuevos obstáculos, iban inventando nuevas soluciones.
Cuando no se podía acceder al dinero, se inventaron los microcréditos sociales y los business angels.
Cuando la crisis hacía cerrar las empresas, se inventaron la Reempresa y el mentoring.
Cuando la pandemia hizo bajar las persianas, se inventaron un ejército de voluntarios para levantarlas de nuevo.
Quizá por eso la historia de Autoocupació se explica mejor con personas que con fechas.
Con quien entró con una idea en un papel y, meses después, tenía las llaves de su local.
Con quien volvió a firmar un contrato de trabajo después de muchos años.
Con quien dio nueva vida a un negocio que estaba a punto de cerrar.
En estos cuarenta años, más de 150.000 personas han recibido el acompañamiento de Autoocupació. Más de 40.000 personas han encontrado el trabajo que deseaban. Se han creado, consolidado y/o salvado más de 10.000 empresas. Todo ello gracias a más de 500 profesionales, más de 1.000 voluntarios y más de 200 instituciones colaboradoras.
Pero los números no explican qué se siente cuando abres la puerta de tu negocio por primera vez. Ni cuando alguien apuesta por tu proyecto cuando parecía que nadie lo haría. Ni ese momento en el que dejas de pensar «no sé si podré» y empiezas a pensar «¿por qué no?».
Quizá eso es lo que comenzó en 1986: una manera de mirar a las personas y preguntarse ¿y si pudiera? ¿Y si la acompañamos? ¿Y si confiamos en ella?
Cuarenta años después, todo ha cambiado. Pero la pregunta sigue intacta. Y el cuento vuelve a escribirse cada vez que alguien decide aprender, emprender, continuar o volver a intentarlo. Cada vez que deja de preguntarse qué se espera de él y empieza a decidir quién quiere ser.
Hasta que un día mira el camino que tiene por delante y dice: ¡Soy lo que quiero ser!