Entrevista a Albert Colomer i Espinet, presidente de Autoocupació

29 de septiembre de 2026

1. ¿Qué recuerdas con más intensidad de aquel verano de 1986 en el que empezó a gestarse lo que hoy es Autoocupació?

De aquel verano de 1986 recuerdo, sobre todo, la ilusión y el convencimiento de que había que hacer algo diferente. Era una época complicada, con una tasa de desempleo juvenil que se acercaba al 50 %. Las personas sin estudios tenían muchas dificultades para encontrar trabajo, mientras que a los jóvenes universitarios a menudo nos contrataban grandes consultoras, empresas y corporaciones incluso antes de terminar la carrera. Aquel contraste nos hizo tomar conciencia de una realidad ante la que no queríamos quedarnos de brazos cruzados.

Junto con el escolapio Carles Mascaró y un grupo de jóvenes que estudiábamos en la universidad, decidimos actuar. Al principio nos inspiramos en algunas experiencias de apoyo a la búsqueda de empleo e imaginamos lo que llamábamos una «Tienda de Trabajo». Sin embargo, pronto entendimos que la mejor manera de encontrar un empleo podía ser crearlo uno mismo. De ahí acuñamos la palabra «autoocupació», un término que entonces no existía y que inventamos a partir de la traducción de la expresión inglesa self-employment.

Así nació el Centre de Promoció i Gestió d’Iniciatives d’Autoocupació Juvenil de Catalunya, el CP’AC. Nuestro primer lema era muy claro: «Crear tu propio puesto de trabajo es invertir en ti mismo». Tuvimos la suerte de conseguir algunos recursos para poner en marcha el proyecto, pero, sobre todo, contamos con el compromiso y la dedicación voluntaria de muchas personas.

También hay que entender el contexto de aquellos años. Tras la dictadura, la recuperación de la democracia y la aprobación de la Constitución, en 1986 España se incorporaba a la Comunidad Económica Europea y despertó una gran voluntad de participación social. Éramos jóvenes y creímos que podíamos cambiar el mundo. Tal vez no lo hayamos cambiado del todo, pero sí hemos transformado una pequeña parte. No nos quedamos en casa ni delegamos la solución en las altas instancias: decidimos asumir el protagonismo de nuestras vidas. Esta idea sigue siendo hoy una de las esencias de Autoocupació. Tanto cuando ayudamos a alguien a crear una empresa como cuando lo formamos y acompañamos para encontrar empleo y mejorar su situación socioeconómica, nuestro objetivo es siempre el mismo: empoderar a las personas para que puedan decidir qué quieren ser y convertirse en protagonistas de su propia vida.

2. Has vivido todas las etapas de la entidad. Si tuvieras que destacar un momento clave de estos 40 años, ¿cuál sería y por qué?

Es difícil escoger solo uno, porque cada etapa ha tenido momentos decisivos. Si mirase hacia los inicios, destacaría el momento en que decidimos extender nuestra actividad por toda Cataluña y obtuvimos una importante subvención europea para hacerlo posible. El reconocimiento de la Unión Europea supuso un primer respaldo al trabajo que estábamos haciendo y nos dio el impulso necesario para salir de aquel primer despacho, abrir delegaciones y empezar a construir un proyecto de alcance nacional. Nos confirmó que la idea inicial respondía a una necesidad real y que éramos capaces de crecer sin perder nuestra esencia.

Otro momento determinante fue la transformación de la asociación juvenil en fundación, durante los años noventa. Fue una etapa de catarsis, pero también de consolidación y profesionalización. Hasta entonces, el proyecto se había sostenido principalmente gracias al voluntariado y tenía una estructura bastante frágil. El paso a fundación, favorecido también por la nueva legislación, nos permitió construir una organización más sólida, basada en el trabajo de profesionales formados en ámbitos muy diversos.

Una de las particularidades de Autoocupació es que siempre ha sido un espacio donde personas muy jóvenes ayudan a otros jóvenes. Para muchos pedagogos, psicólogos, economistas y profesionales de otras disciplinas, la fundación ha sido un primer banco de pruebas: un lugar donde empezar a ejercer su profesión mientras contribuyen al crecimiento de los demás. Este doble engranaje es muy motivador, porque las personas que entran a trabajar en la entidad también crecen profesionalmente en ella. A menudo llegan con dudas sobre si la carrera las ha preparado lo suficiente o sobre si sabrán desempeñar su trabajo y, al cabo de un tiempo, se han convertido en profesionales plenamente capacitados. Todo este proceso no habría sido posible sin el apoyo del Patronato y, anteriormente, de la Junta Directiva. A lo largo de estos cuarenta años, muchas personas han aportado voluntariamente su tiempo, sus conocimientos, su experiencia, su visión estratégica y, sobre todo, su ilusión. Recordar y reconocer la contribución de todas ellas, así como la de los distintos presidentes que han encabezado la entidad, es imprescindible para entender la trayectoria de Autoocupació.

3. Durante estas cuatro décadas habéis acompañado a miles de personas en su camino profesional. ¿Hay alguna historia o algún momento que resuma mejor que ningún otro el sentido de la misión de Autoocupació?

Más que una sola historia, me vienen a la mente muchas personas que llegaron con dudas o sin ver claro su futuro y que, gracias al acompañamiento recibido, recuperaron la confianza y encontraron su camino. Si preguntásemos a los profesionales de Autoocupació, seguramente cada uno recordaría algún caso que le ha marcado.

A pesar de haber atendido a miles de personas, siempre hemos procurado tratar a cada una como un caso único y situarla en el centro de nuestra actividad. Hemos acompañado a personas migrantes que llegaban sin formación y con muchas dificultades administrativas, ayudándolas a tramitar su documentación y a acceder a un primer programa. Algunas han acabado obteniendo un certificado profesional y encontrando su primer empleo gracias a la orientación y a nuestra bolsa de trabajo. También hemos conocido a jóvenes que habían abandonado el itinerario educativo tradicional y que, mediante los programas de orientación, han descubierto su vocación, han retomado los estudios o han encontrado una manera de ganarse la vida sin renunciar a sus motivaciones. Incluso en las iniciativas más colectivas, como los cursos de formación, conocemos los nombres, las circunstancias y las necesidades de cada participante. La creación de una empresa, la obtención de un empleo o la finalización de un itinerario formativo representan siempre un éxito y una oportunidad de crecimiento personal.

También hay innumerables personas que nos han invitado a la inauguración de su negocio después de haber hecho realidad su sueño. Estas historias son las joyas de la fundación, pero tampoco podemos olvidar a quienes lo han intentado varias veces, han encontrado un empleo que ha durado poco y han vuelto a nosotros para seguir avanzando.

Siempre insisto en esta idea: no se trata solo de ayudar, sino de acompañar. Significa escuchar, ofrecer recursos y permanecer al lado de las personas durante todo el proceso. Compartimos sus dificultades y celebramos sus éxitos; lloramos con sus ojos y reímos con su sonrisa. Cuando una persona nos dice que ahora se siente capaz de tomar sus propias decisiones, pienso que eso resume mejor que nada la misión de Autoocupació.

4. El mundo del trabajo ha cambiado enormemente en cuarenta años. ¿Cómo ha evolucionado Autoocupació para adaptarse a los nuevos retos y seguir fiel a su misión?

El mundo laboral actual tiene poco que ver con el de 1986. En Autoocupació tenemos la ventaja de que no estamos obligados a seguir ninguna doctrina política ni social. Siempre hemos sido innovadores y nos hemos mantenido en un proceso de innovación continua. Por decirlo con una frase que hemos utilizado muchas veces, hemos sido «adictos a la hoja en blanco». Nos gusta hacer cosas nuevas y asumir riesgos que, a veces, las administraciones públicas o las instituciones más oficiales no asumen. Nuestro eje siempre ha sido observar qué necesita la gente.

Cuando el desempleo dejó de afectar solo a los jóvenes y empezó a afectar también a personas de más edad, adaptamos nuestros programas. Cuando vimos que una de las dificultades para crear y poner en marcha una empresa era la financiación, impulsamos el movimiento de los business angels en toda España y fuimos pioneros en Europa. También creamos un mercado de compraventa de pequeñas empresas que ayuda a salvar negocios que no tienen sucesión.

Tenemos, además, un programa de mentoring de mucho éxito, en el que cientos de mentores voluntarios acompañan durante largos períodos a personas que quieren crear una empresa, que ya la han creado o que quieren darle continuidad. También hemos salido al exterior, hemos trabajado con instituciones de otros países y hemos hecho lo que ahora llaman benchmarking: copiar y adaptar experiencias que funcionaban. Había movimientos que llegaban más tarde a Cataluña o a España y que, en algunos casos, llegaron de nuestra mano.

La tecnología y las formas de trabajar han cambiado, pero la motivación sigue siendo la misma: queremos que las personas trabajen en aquello que desean y no en aquello que les toca. Les proporcionamos recursos para que puedan definir su itinerario profesional, crear una empresa, reorientarse o reinventarse. En medio de estos cambios, seguiremos acompañándolas y trabajando cada vez más en su crecimiento personal, además del profesional.

5. ¿Cuál crees que ha sido el secreto para que Autoocupació siga siendo una entidad de referencia cuarenta años después de sus inicios?

Personas trabajando para personas. Ese es el único secreto. Hemos aprendido que las personas que persiguen sus sueños consiguen ser aquello que quieren ser. Por eso siempre hacemos esta pregunta: «¿Tú qué quieres hacer?». Y mantenemos la cercanía. No queremos que esto sea solo un chat o un bot en línea. Tenemos oficinas abiertas, hemos tenido delegaciones en todas las provincias y hemos trabajado con muchas entidades locales y en muchos espacios públicos.

Hemos tenido a gente en primera línea, en primera trinchera, que no se esconde. Abres la puerta y encuentras personas que te atienden, que cogen el teléfono, que, cuando tienes problemas, intentan solucionarlos y que, cuando tienes éxitos y las cosas te han ido bien, los celebran contigo. Creo que esa empatía que hemos querido tener con la gente es lo más importante.

Eso es lo que nos ha permitido atender a miles de personas sin ninguna campaña de marketing. La gente que entra por la puerta lo hace porque alguien le ha dicho: «Ve a Autoocupació, que a mí me atendieron muy bien». Normalmente, ya no recomiendan la entidad, sino a una persona concreta: «Ve a ver a Laura, a Jose o a Marta». Al principio decían: «Ve a ver a Albert Colomer o a Guillem Arís». Ahora trabaja allí mucha gente, y creo que ese es el éxito. Muchas personas no saben si somos una fundación pública o privada, ni saben exactamente qué somos, pero saben que las atenderemos bien.

Incluso al hacernos grandes, hemos conseguido seguir sintiéndonos pequeños, con todo lo que eso significa: estar cerca de las personas, porque somos como ellas. Si hablamos de empresas o de impuestos, nosotros también tenemos nuestras dificultades. Estamos a su lado. Aun así, utilizamos herramientas innovadoras y muy potentes, que hemos traído de distintas partes del mundo y que han demostrado que funcionan. Son las que nos han permitido mantener nuestra posición y liderar muchos de los ámbitos en los que trabajamos.

Y seguimos desempeñando ese papel: acompañar, más que ayudar; acompañar a las personas.

6. Si pudieras enviar un mensaje a las personas que lideren Autoocupació dentro de cuarenta años, ¿qué les dirías? ¿Qué deseas para el futuro de la fundación?

«Gracias, gracias, gracias». Es lo único que se me ocurre, porque, si alguien ha recogido el testigo de todo lo que hemos impulsado hasta hoy y ha seguido impulsándolo durante cuarenta años, seguro que lo ha hecho bien. No sé si estarán gestionando algo que se llame Autoocupació o que tenga otro nombre, pero habremos mantenido viva la llama.

Les diría que cuiden la esencia de la entidad, pero que no tengan miedo de transformarla. Las necesidades de las personas cambiarán y Autoocupació tendrá que seguir innovando para responder a ellas. Mi deseo es que, dentro de cuarenta años, siga siendo una puerta abierta para cualquier persona que quiera construir su futuro profesional.

Una de las grandes virtudes que ha tenido Autoocupació ha sido este relevo generacional. Hemos incorporado a gente cada vez más joven y hemos hecho ese traspaso. A veces es complicado, porque la plantilla es cambiante, pero también nos ha ayudado a evitar que se consolidara un grupo de personas que permaneciera en el mismo puesto de trabajo durante cuarenta años. Creo que este relevo generacional seguirá produciéndose.

Siempre hemos dicho que «Autoocupació no es de nadie». Es una fundación privada gestionada por personas voluntarias que se van renovando. Si dentro de cuarenta años hay personas voluntarias que quieran recoger el testigo, seguir desarrollando las iniciativas que tenemos ahora e impulsar otras nuevas, y mantienen aquella ilusión inicial y las ganas de poner sus vidas al servicio de una causa social, estaré muy contento.

También les diría que me inviten al octogésimo aniversario. No sé si todavía tendremos Gmail, si nos enviaremos mensajes por telepatía o si mandaré a mi avatar, pero espero poder asistir.

7. El lema de Autoocupació es «Soy lo que quiero ser». ¿Qué significa para ti, personalmente? Y tú, ¿eres lo que quieres ser?

Para mí significa tener la libertad, las herramientas y la confianza necesarias para decidir el propio camino. No quiere decir que todo sea fácil, sino que cada persona pueda asumir el protagonismo de su vida.

«Yo soy lo que quiero ser». Un día me pregunté: «Ahora que has hecho todos los números de Autoocupació, ¿qué quieres ser?». Pues quiero ser el presidente. El presidente tiene ahora la función de recoger los frutos de las cosas que hemos hecho, y es una función muy agradable.

Tenemos una institución que funciona muy bien, con profesionales y voluntarios que trabajan día a día y que presenta unos resultados de impacto social espectaculares. Para mí, eso es ser lo que quiero ser. Además, cada vez estoy menos implicado en la gestión y veo que, poco a poco, las cosas funcionan por sí solas. Eso también me permite disfrutar de una actividad personal que me lleva más allá de lo que he hecho durante toda mi vida profesional.

Nosotros queremos dar el protagonismo a la persona. Ser aquello que quieres ser significa tener libertad, autonomía personal y capacidad para tomar tus propias decisiones. La institución se replantea las cosas, innova y procura estar cada vez más cerca de las personas para acompañarlas en ese camino.

Durante este cuadragésimo aniversario invitamos a todo el mundo a sumarse: mentores, docentes, orientadores, consultores y profesionales de las administraciones públicas que nos han ayudado. Queremos que sigan impulsando este manifiesto para que las personas puedan seguir diciendo: «Soy lo que quiero ser».

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